2.1. EL MEDIO FÍSICO
El Parque Natural Sierra Norte de Sevilla se encuadra en una de las tres unidades geomorfológicas que conforman el territorio andaluz: Sierra Morena. Sus características naturales y antrópicas han modelado el paisaje actual de la Sierra, con una clara individualidad geográfica, por encima de diferencias administrativas o jurídicas.
Sierra Morena es el relieve de origen estructural más antiguode la provincia, formándose como consecuencia del plegamiento herciniano, que orientó sus valles en sentido NO-SE. En su tramo en la provincia de Sevilla, se distinguen dos escalones separados por la falla de El Pedroso:
- El escalón norte, con una altitud media superior a los 600 m, en donde se localizan las sierras carbonatadas de la Grana, el Agua, etc, constituyentes de las máximas altitudes del Parque Natural, con un modelado abrupto, de crestas y fuertes pendientes.
- En el escalón inferior, de menor altitud (300-400 m), afloran los plutones graníticos en superficies de arrasamiento incididas en mayor o menor medida por la erosión fluvial.
Los materiales que constituyen esta sierra son, fundamentalmente, rocas graníticas y volcánicas antiguas, y también rocas afectadas por procesos metamórficos, sobre todo pizarras y en menor medida calizas. Destacan los macizos graníticos del eje El Real-El Pedroso-La Puebla de los Infantes, concretamente los de El Real de la Jara, sierra Padrona, El Pedroso y Ventas Quemadas.
Se trata de materiales poco aptos para la formación de suelos, normalmente muy pobres y esqueléticos, y de gran impermeabilidad, lo que hace de esta unidad el principal colector de aguas superficiales de la región, pese a no alcanzarse grandes alturas medias ni las mayores precipitaciones.
En efecto, el clima de la Sierra Norte posee los rasgos de en la distribución de las precipitaciones propios de la región en la que se encuadra. Aunque en términos generales la altitud provoca un aumento de las precipitaciones, al ser ésta tan moderada, apenas rebaja las temperaturas estivales, al tiempo que es la causa del descenso térmico invernal, que aumenta el riesgo de heladas y acorta el período vegetativo.
Los días de lluvia a lo largo del año son unos 60-70 durante el invierno, especialmente intensos en la zona central (Cazalla, Constantina, Guadalcanal y Almadén), y centrados en invierno, luego primavera y, finalmente, en otoño. En cuanto a las temperaturas, en verano la media de las máximas supera los 35º, mientras que en invierno la media de las temperaturas mínimas es de 5º, bajando a veces de 0º. El número de días con heladas es inferior a 10, con muchas diferencias de un año a otro
Este clima, junto con los procesos erosivos intensos y la dura litología, han originado un tipo de suelos pobres, esqueléticos, poco evolucionados y escasamente aptos para la agricultura, situación que ha determinado desde tiempos remotos, densidades muy bajas de población y dedicación de ésta al aprovechamiento ganadero y forestal del medio.
En la Sierra Norte predominan dos tipos de suelos:
- La tierra parda meridional, en dos manifestaciones según se desarrolle sobre rocas metamórficas (pizarras, esquistos,...) o ígneas (granitos). En función de la situación topográfica será más o menos abundante en piedras y profundidad.
- La tierra roja o pardo-rojiza, exclusiva de las zonas calizas, con estructura bien desarrollada y normalmente profunda.
Los niveles de susceptibilidad a la erosión, determinados por la topografía, edafología y por los usos del suelo, son en general moderadamente altos y altos, existiendo una elevada proporción (10% de la superficie total) de terrenos con susceptibilidad bastante, muy y extremadamente alta, ligados a una clara inadecuación entre el uso y la potencialidad de las tierras.
En cuanto a la hidrología, el territorio de la Sierra Norte aparece surcado por multitud de pequeños cursos de agua de origen fundamentalmente pluvial, con un régimen estacional de tipo mediterráneo, de fuerte estiaje, que en algunos casos se ve atenuado por el aporte de numerosas surgencias que permiten a algunos cursos el mantenimiento de un caudal mínimo.
El Viar, al oeste, el Retortillo, al este, y el Huesna como eje central del Parque Natural, son las tres grandes cuencas fluviales, ocupando el 40%, el 12% y el 34% de la superficie del Parque. Se trata de ríos que, al igual que los restantes de la Sierra, presentan desniveles entre 600 y 800 m y un fuerte poder erosivo. La calidad de las aguas es alta: poco mineralizadas e ideales para consumo humano o agrícola.
Los recursos hídricos subterráneos se nutren también de lluvia que cae sobre materiales permeables. Los acuíferos del parque se asocian a los afloramientos carbonatados, distinguiéndose tres unidades hidrogeológicas: Guadalcanal-San Nicolás del Puerto, con una capacidad estimada de unos 15 hm³/año; Constantina-Cazalla, con unos 9 hm³/año; y Almadén de la Plata, con unos recursos anuales de unos 3 hm³. Se trata de acuíferos excedentarios con calidad buena de sus aguas, que resultan aptas para todos los usos. Además existen en el parque numerosas fuentes y manantiales, que suponen la descarga natural de estos acuíferos.
El Parque de la Sierra Norte resulta excedentario en recursos hídricos (la disponibilidad de agua alcanza los 445 hm³/año, y el superávit unos 78 hm³/año, más otros 23 subterráneos no explotados), gracias a sus características físicas y a la escasa demanda interna, actuando como reservorio para el uso agrícola y urbano del resto de la provincia
La vegetación del parque se distribuye entre dos pisos bioclimáticos: termomediterráneo y mesomediterráneo. La formación vegetal dominante es el bosque esclerófilo mediterráneo de encinas y alcornoques, aunque en las zonas más altas y en vaguadas o umbrías con cierta humedad, se encuentran quejigos y robles melojos.
El dominio potencial de los encinares mesomediterráneos silicícolas es el más extenso del parque, aunque se encuentran muy alterados por su transformación en dehesa, salvo en algunos enclaves bien conservados. Se trata de encinares cercanos a su etapa madura, con una altura entre 5 y 9 metros y densa cobertura de sotobosque, que se pueden encontrar en la Dehesa de Prado Viejo, en la ladera norte del Cerro del Obispo, Sierra Padrona y la Loma del Puerto. La encina, en su estado más salvaje, está acompañada por madroños, perales silvestres, quejigos y lentiscos; además de cornicabras, olivillas, peonías, brezos, jaras y lavandas.
El alcornocal mesomediterráneo silicícola presenta un área de distribución muy amplia y discontínua, con presencia de algunos enclaves de gran riqueza florística en el Cerro del Hierro, en la finca Las Jarillas, en las partes altas de Cabeza de Ajo y en las “matas” (formaciones típicas asociadas a castaños), entre Constantina y Cazalla. El alcornocal, con árboles de 10-12 metros, se suele encontrar en compañía de madroños, durillos, brezo, etc.
En zonas de vaguadas y umbrías aparece el quejigo (Quercus faginea) asociado a la serie mesomediterránea del alcornoque, y en enclaves muy localizados, la serie de los melojares (Quercus pyrenaica), como los del Cerro del Hierro y Pico del Negrillo. Quejigares y melojares indican por un lado, la presencia de humedad, y por otro, la ausencia de agentes contaminantes.
Con respecto a la vegetación riparia, el Parque Natural ofrece los mejores exponentes del bosque en galería de toda la provincia, muy escasos y frágiles por la constante amenaza que supone la concentración urbana y agrícola que se desarrolla cada vez con mayor intensidad en los márgenes de los ríos. La presencia constante de humedad en el suelo permite que se desarrollen enclaves de bosques caducifolios (sauces, chopos, alisos y olmos) a veces asociados con quejigos. Las mejores zonas de esta vegetación se localizan en el cauce superior del Viar y en las riberas de los arroyos Ciudadeja y Benalija. Por contra, destaca el pésimo estado de conservación de determinados tramos de la Rivera del Huesna, como consecuencia de los vertidos incontrolados y de la fuerte presión turística que soportan.
En cuanto a la fauna, las condiciones particulares de Sierra Morena constituyen un hábitat ideal para una enorme variedad de especies de reptiles y aves, algunas de ellas de distribución muy limitada.
La existencia de especies amenazadas y sensibles confiere a todo el espacio un valor especial y representa, además, un buen indicador de calidad por su elevada posición en la cadena trófica. Especies amenazadas como el lince ibérico (Lynx pardina), el águila imperial (Aquila adalberti), el águila real (Aquila crysaetos), el buitre negro (Aegypius monachus), o la nutria (Lutra lutra), se conservan aún en este espacio natural, en convivencia con poblaciones animales de carácter cinegético y ganadero.
Se pueden distinguir algunas zonas particularmente importantes para la fauna:
- Río Viar, que constituye sin duda el área de mayor interés faunístico del Parque Natural, y en la que destacan dos zonas: el embalse del Pintado al norte, donde se encuentran linces, buitres leonados, águilas reales y perdiceras y una alta densidad de rapaces medianas; y Las Jarillas al sur, con águilas reales, perdiceras y linces.
- Navas de la Concepción, como zona de contacto con la Sierra de Hornachuelos, con linces y buitres negros de la colonia del Retortillo.
Asimismo, en la zona conocida como Ventas Quemadas se pueden encontrar mayores densidades de rapaces medianas, águilas perdiceras y conejos que en el resto del parque, encontrándose aún frecuentes indicios de la presencia de linces, además de contar con buenas representaciones de las comunidades de dehesa con matorral, dehesa, ribera, roquedos y pinar.
2.2. EL MEDIO HUMANO Y EL TERRITORIO
El relieve, el clima, la edafología y la acción antrópica han determinado un uso del suelo fundamentalmente forestal y pastoril en la mayor parte del territorio del Parque Natural de la Sierra Norte. El olivar, por su gran capacidad de adaptación a condiciones naturales adversas, constituye el único aprovechamiento agrícola de cierto peso, con gran repercusión social y económica en varios de los municipios del Parque.
La superficie forestal representa más del 80% del territorio, determinando un paisaje vegetal muy homogéneo, donde sólo la mayor o menor extensión de encinas o de alcornoques o la desigual importancia alcanzada por el matorral, diferencia unos espacios de otros.
En conjunto, los bosques de quercíneas con distintas densidades de cubiertas ocupan 84.870 has, el 50,6% de la superficie total del Parque. En su mayor parte, se trata de encinares o de masas mixtas de encinas y alcornoques (33.630 has). Los alcornocales puros se limitan a 4.520 has, el 5,3% de la superficie total de quercíneas.
El bosque maderable tiene una escasa representación en el territorio (1,9% de la superficie total del Parque). Los pinares (Pinus pinea), con una extensión de 890 has, y eucaliptales (en sus variedades rostrata y globulus), con 1.720 has, se localizan en la línea central, en manchas dispersas situadas en El Pedroso, al oeste de Cazalla y al sur de Constantina. A ellos hay que sumar unas 500 has de otras especies susceptibles de uso maderero, como castaños y chopos, en El Pedroso, Almadén, Constantina y Cazalla.
Dentro del espacio forestal, la dehesa constituye el paisaje dominante, apareciendo en todos los municipios del Parque como una de las principales formas de ocupación del suelo, llegando a representar casi un tercio de la superficie total del Parque. Este tipo de organización del monte donde se integran los aprovechamientos agrícolas, ganaderos y forestales, se considera unánimemente un ejemplo modélico de equilibrio entre la extracción de productos y recursos útiles muy variados y el mantenimiento de valores ambientales y de madurez ecológica de los ecosistemas intervenidos.
El arbolado de la dehesa está constituido fundamentalmente por la encina y el alcornoque y en menor medida, por quejigo y melojo, que se transforman para su aprovechamiento por el ganado y para la madera. La dehesa de encina pura predomina en el tercio septentrional del parque (Guadalcanal y Alanís), mientras que en el sector central aparece mezclada con alcornoque y en algunas áreas de éste domina porcentualmente. En el sector oriental del parque es más significativa la presencia del quejigo. El sotobosque de la dehesa varía con el destino finalista de su producción y el estado selvícola en que se encuentre, variando desde el cultivo agrícola, pasando por el matorral de jaras, retamas y aulagas, hasta el pastizal de especies anuales que supone una alimentación complementaria para el ganado durante el verano, y a veces en invierno.
En definitiva, la dehesa constituye el medio más representativo, superficial y culturalmente, de la Sierra Norte de Sevilla. Se trata de la unidad ambiental que mejor representa el equilibrio entre la intervención del hombre y la naturaleza, de tal forma que, en condiciones óptimas de explotación, es capaz de aportar una gran variedad de productos útiles a la población, manteniendo una estabilidad ecológica cercana al bosque climácico originario.
Las características orográficas, edafológicas y climáticas de la Sierra Norte de Sevilla suponen una fuerte limitación para el aprovechamiento agrícola del espacio, que se reduce a pequeños enclaves diseminados por el territorio y que alcanzan las 27.312 has, algo más del 16% del espacio agrario (uso agrícola y uso ganadero).
El olivar es el principal cultivo leñoso (representa el 52% de los terrenos agrícolas), en base a su gran capacidad de adaptación a las condiciones naturales más adversas. El olivar se encuentra en todos los términos municipales incluidos en el Parque, concentrado en los ruedos de los pueblos y recubriendo las laderas calizas dispersas por todo el territorio. De la importancia del cultivo olivarero en la Sierra Norte da idea la extensión que ocupa su cultivo en los municipios de Cazalla y Constantina (más de 4.000 has en cada uno) y Guadalcanal (más de 2.500 has).
Las tierras de labor se dedican fundamentalmente al cultivo de herbáceos, tanto de forrajeras como cereales, para consumo del ganado. El castaño se ha convertido en un cultivo arbóreo que determina gran parte del paisaje en municipios como Constantina, donde se localizan en suelos calizos, de color rojo oscuro, ricos en hierro y magnesio. Con menor significación, las hortalizas ocupan el 2,9% de las tierras cultivadas. Los frutales, que históricamente fueron muy relevantes en la sierra, sólo ocupan el 1,2% de los cultivos leñosos, aunque, por su concentración en Cazalla y Constantina, adquieren cierta relevancia espacial en dichos términos. Por último, la introducción de nuevos cultivos como la frambuesa en Constantina, Alanís y Cazalla se ha visto frenada por problemas en su comercialización.
Sobre esta base económica tradicional, se ha desarrollado históricamente un sistema de poblamiento caracterizado por un hábitat concentrado en pequeños o medianos núcleos de población, muy dispersos entre sí, con una baja densidad de población (menos de 15 hab/km2), en donde Cazalla de la Sierra y Constantina son los núcleos con mayor población y más dinámicos y los que concentran las actividades relacionadas con el sector servicios, así como una incipiente industria que complementa a las actividades ganaderas, actividades que los han convertido en cabeceras de comarca.
MUNICIPIO POBLAC. SUPERFICIE DENSIDAD
Alanís 2108 280.19 7.52
Almadén de la Plata 1696 253.10 6.70
Cazalla de la Sierra 5229 353.53 14.79
Constantina 7930 480.90 16.49
Guadalcanal 3095 278.01 11.13
Las Navas de la Concepción 1926 62.85 30.64
El Pedroso 2493 312.00 7.99
La Puebla de los Infantes 3828 154.37 24.80
El Real de la Jara 1761 161.90 10.88
San Nicolás del Puerto 716 44.88 15.95
TOTAL 30782 2381.73 12.92
Fuente: Diputación Provincial de Sevilla
Las comunicaciones en el interior del Parque Natural se articulan en base a la red de carreteras comarcales y locales, cuyo trazado diferencia dos sectores. El sector oriental de la sierra está atravesado por una red viaria que, en forma de aspa (C-432, C-421 y C-452) confluye en Cazalla de la Sierra, desdoblándose sus dos ramas inferiores hacia el Pedroso y hacia Constantina, núcleo que actúa de cabecera comarcal de la parte oriental de la sierra y en torno al cual se organiza una malla radiocéntrica de carreteras comarcales y locales, que articulan las comunicaciones internas de la mitad oriental de la sierra.
La accesibilidad general de este territorio, por motivos topográficos e históricos, es baja, aunque ha mejorado en los últimos años. Los desplazamientos externos hacia Sevilla se hacen a través del enlace con la carretera comarcal 431 que sigue el curso del Guadalquivir. La mitad occidental se encuentra aislada de los restantes núcleos de la Sierra por la cuenca tectónica del Viar, que ha constituido un fuerte obstáculo al desarrollo de las comunicaciones entre los sectores Este y Oeste de la sierra.
La vía ferroviaria Sevilla-Zafra cruza el Parque de Norte a Sur, aunque en la actualidad se encuentra infrautilizada. El principal medio de transporte público son los autobuses, existiendo estación en El Real de la Jara, El Pedroso, Guadalcanal, Constantina y Cazalla de la Sierra.
La red de vías pecuarias del Parque Natural Sierra Norte es muy extensa, al ser ésta un territorio de paso entre la Meseta y los pastos de invierno del valle del Guadalquivir. Constituyen superficies lineales de dominio público en términos legales y cuando se constituyeron se utilizaban para el tránsito de ganado. Este uso es cada vez menor por la desaparición progresiva de la ganadería itinerante, aunque exista algún pequeño ganadero que utiliza el paso en una forma de explotación secundaria o marginal. Sin embargo, hoy en día adquieren importancia por su posible papel como soporte de los usos públicos de ocio, turismo y esparcimiento asociados a la existencia del Parque Natural.
Además, todo el territorio del Parque Natural Sierra Norte de Sevilla está estructurado en base a una extensa red de caminos rurales que articulan aceptablemente bien el territorio rural.
El patrimonio cultural del Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla, en coherencia con la antigüedad del poblamiento, incluye importantes yacimientos arqueológicos, elementos de patrimonio arquitectónico y etnográfico, muchos de ellos catalogados por la Consejería de Cultura, que es necesario preservar tanto por su papel en la configuración del paisaje como por su contribución al mantenimiento de la identidad de la Sierra. Destacan entre ellos, los cascos antiguos de Cazalla, Constantina y Guadalcanal (declarados Conjunto Histórico), los castillos de Alanís, Almadén, Cazalla, Constantina, Las Navas, Puebla y El Real de la Jara, algunas grandes arquitecturas aisladas como la Cartuja de Cazalla y la Fábrica de El Pedroso, así como gran cantidad de cortijos, haciendas, lagares y otros elementos del patrimonio etnográfico. También son elementos destacados del patrimonio cultural elementos naturales como el Cerro del Hierro (fenómeno geológico y testigo del pasado minero) y el nacimiento y las cascadas del Huesna.
El motor principal de la economía en la Sierra Norte es el sector primario, encabezado por la ganadería y seguido de una agricultura orientada a la alimentación del ganado, mientras que otros sectores económicos como la industria o los servicios presentan cifras por debajo de la media provincial, aunque en los últimos años se aprecia una dinámica positiva.
La ganadería que se practica dentro del Parque Natural de la Sierra Norte es de cuatro tipos: ovina, caprina, vacuna y porcina de ibérico. La cría de cerdo ibérico es el principal sustento de la explotación de la dehesa, y la reducción de su censo es la principal causa del abandono de un gran número de ellas. La creciente apertura de la Unión Europea a los productos curados de cerdo ibérico abre unas posibilidades de expansión de la producción, que permitirá dedicar mayores recursos al mantenimiento de la dehesa. En cuanto a la ganadería de bovino, destaca la raza retinta para las vacas reproductoras y la frisona para la producción de leche en Cazalla, Constantina y Guadalcanal.
El uso cinegético en la Sierra Norte se apoya fundamentalmente en especies como ciervo, jabalí, conejo, liebre, paloma, tórtola, perdiz, codorniz, zorzal y estornino. La caza mayor se sustenta en el ciervo y el jabalí, aunque hay pequeñas poblaciones de muflones y gamos. El Parque Natural tiene cuatro localidades con más del 75% de su término acotado (Almadén, Cazalla, El Pedroso y El Real), cuya superficie se reparte a partes iguales entre la caza mayor (que predomina en San Nicolás, Constantina y Las Navas) y menor (en El Pedroso y la zona occidental).
La pesca de la trucha es otra actividad importante en el Parque, que dispone de dos cotos fluviales en la Rivera del Huesna y otro en el Molino del Corcho. En los embalses del Huesna y Retortillo destacan los ciprínidos (carpas, bogas, barbos y blackbass).
El principal aprovechamiento forestal de la dehesa es el corcho que se extrae del alcornoque. Las masas puras de alcornoques se estiman en 4.500 has, mientras que hay 33.600 has de bosques con presencia mezclada de ambas especies. La extracción del corcho es una actividad que se sigue realizando como en tiempos pasados, a mano y con golpes de hacha sin dañar el árbol, cada nueve años. La transformación del producto se produce en la comarca a partir de tres empresas localizadas en Cazalla y El Pedroso; dos fabrican tapones y otra pule el corcho para su comercialización. La producción anual alcanza las 5.000 toneladas y progresivamente se está consiguiendo que la producción se transforme dentro de la comarca, e incluso se compre materia prima en otras zonas.
La extracción de madera se concentra casi exclusivamente en pinos (900 has) y eucaliptos (1.700 has), como especies expresamente introducidas en la Sierra Norte con ese fin, aunque tienden a disminuir por el nefasto impacto que producen sobre los ecosistemas del parque. De los castaños se siguen aprovechando sus varas para el vareo de olivos y fabricación de vigas, duelas y tutores para los árboles.
También la apicultura y la recolección de setas y de plantas aromáticas y medicinales, constituyen actividades que complementan la renta de los habitantes de la Sierra Norte.
La actividad industrial se concentra en el sector agroalimentario, que después de una etapa de auge desde mediados del siglo XIX hasta mediados del XX por la abundancia de almazaras, lagares y destilerías de aguardiente (que se exportaba a Europa y América), sufrió una regresión por el arranque de los viñedos y la bajada en el consumo de derivados del alcohol, y hoy en día reaparece en algunos municipios más orientada a la transformación de los productos del cerdo ibérico. También se están creando algunas industrias relacionadas con la transformación del corcho.
Finalmente, el sector de los servicios relacionados con el turismo y la restauración vinculados a los atractivos naturales, paisajísticos y gastronómicos de la zona, es uno de los que tienen más futuro; existiendo también un pequeño sector comercial en los núcleos de Constantina y Cazalla.
2.3. EL PAISAJE
En el territorio del Parque Natural Sierra Norte de Sevilla, el relativamente buen equilibrio formal y funcional existente entre las condiciones naturales del medio y los usos que en él se implantan, ha dado como resultado un espacio geográfico con notables valores escénicos, de manera que, en general, las condiciones en las que se encuentran los recursos paisajísticos de este ámbito serrano son bastante positivas.
En este sentido, se pueden establecer las siguientes consideraciones en relación con el estado de los recursos paisajísticos de Parque Natural:
* La conjunción armónica entre los factores naturales y los procesos antrópicos que es posible apreciar en el Parque Natural Sierra Norte de Sevilla es la responsable básica de la sensación de naturalidad y de escasa transformación que posee, a pesar del significativo y continuado grado de intervención que implican los usos tradicionales que allí se desarrollan.
* La existencia de espacios singulares desde un punto de vista territorial, ambiental y escénico (los embalses del Pintado y del Rivera de Huesna, las riberas de los cursos de agua, el Cerro del Hierro, determinados recorridos panorámicos y miradores naturales, algunas vistas de conjunto de los núcleos urbanos, etc.) potencian la imagen del Parque Natural como un área paisajísticamente cualificada y singular en el contexto de los paisajes de la provincia de Sevilla.
* Dichos espacios contribuyen además a la diversificación paisajística del Parque Natural que, entre sus rasgos formales más destacados, presenta una significativa homogeneidad escénica, consecuencia directa del predominio superficial de las formaciones de quercíneas en este sector de Sierra Morena.
* Este innegable predominio de las quercíneas, que esconde una considerable variedad a mayores niveles de detalle (dehesas con distinto grado de cobertura arbórea o arbustiva, bosques de quercíneas menos transformados, áreas de matorral noble, texturas diferenciadas para los distintos emplazamientos topográficos, etc.), concede un mayor valor paisajístico a los espacios ocupados por otras formaciones vegetales, que se manifiestan como elementos o áreas de diversificación visual en determinadas perspectivas o trayectos. En este sentido, cabe destacar la importancia escénica de las formaciones ribereñas y de determinadas plantaciones arbóreas, entre las que destacan los robledales y castañares.
* Determinadas obras públicas (presa de El Pintado, puente de los Tres Ojos), las construcciones rurales tradicionales (haciendas, cortijadas, viviendas aisladas, etc.) así como otras edificaciones o asentamientos singulares (ermitas, edificios al servicio de determinadas obras públicas, fábrica de El Pedroso, poblado del Cerro del Hierro), cualifican sus respectivos ámbitos escénicos, otorgándoles además significados históricos, identitarios y patrimoniales.
En este contexto de calidad escénica generalizada, destacan como áreas más conflictivas desde el punto de vista paisajístico, el entorno cercano de los núcleos urbanos, caracterizado por un mayor desorden territorial y visual que los restantes sectores del Parque, por la presencial de construcciones con rasgos formales que contrastan con la imagen rural/natural imperante, así como por la implantación de usos e infraestructuras visualmente conflictivos sin las adecuadas medidas de integración paisajística. Estos impactos visuales resultan potenciados por la alta frecuentación que se da en estas zonas.
Fuera de los entornos urbanos, los conflictos escénicos de mayor significación suelen estar relacionados con las actividades extractivas, la ausencia de medidas correctoras en determinados taludes o desmontes de la infraestructuras viarias, el abandono y consiguiente ruina de edificaciones rurales aisladas, así como la falta de integración paisajística de determinadas construcciones agropecuarias. La incidencia de estos impactos varía en función de la accesibilidad física del ámbito en el que se implantan, el grado de ruralidad/naturalidad de su entorno, el emplazamiento y las relaciones que se establecen con los puntos desde los que resultan visibles, la adopción de algún tipo de medidas minimizadoras, etc.